Cerámicas Avante. Decoración de interiores y exteriores con cerámica artesanal.

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CERAMICA DE TERUEL Y MUEL

 

ORIGEN, VIDA Y ACTIVIDADES DE LOS ALFAREROS ARAGONESES

 

Dado el porcentaje mayoritario de comunidad mudéjar en las localidades de Teruel y Muel, la medida real de expulsión de 1610 llevó consigo el despoblamiento de dichas localidades.

La repoblación comenzaría inmediatamente después de la expulsión; ofreciendo las zonas ricas, agrarias o artesanales, un importe aliciente para los repobladores. De hecho la repoblación era un problema urgente que producía grandes pérdidas; no  sólo a los señores temporales, sino también a censalistas y prestamistas.

No existen demasiados datos concretos que acrediten el origen de los alfareros de Muel y Teruel; pero contamos con ciertos datos a tener en cuanta.

De un lado los documentos de contratación  temporal de alfareros en diversos puntos de Aragón. De otro lo que nos puedan seguir las cerámicas posteriores a 1610 acerca del lugar donde se formaron sus artífices. Así, nos encontramos con la llegada de alfareros catalanes, cristianos todos ellos, ( cantareros, escudilleros de Barcelona y algún alfarero reusense) y castellanos. Los “ecos” castellanos son menos acusados en la producción de Muel y de Teruel que los catalanes y por ello posiblemente llegados de modo indirecto a través de Cataluña.

Fuera cual fuese su origen, catalán o castellano, lo cierto es que sirvió de plataforma para la creación de toda una producción popular que comenzó a manifestarse hacia mediados del s. XVII y discurrió hasta los S. XIX y XX. Sin embargo, pese a la introducción de nuevas series decorativas por los repobladores, perduró un espíritu aragonés-mudéjar que quedó incorporado para siempre a las gentes de estas tierras.

 

Todo tipo de menaje de cerámica para su aseo.
Detalle de la influencia mudéjar.

 

LEGISLACIÓN EN TORNO AL OFICIO.

 

Las diferentes ordenanzas o disposiciones de los Gremios en beneficio de sus agremiados, eran dadas tras la aprobación de la real audiencia. En concreto las de Muel y Teruel eran del tipo Cofradía, religiosas unas y gremiales otras. Las primeras afectaban a todos los cofrades que habían ejercido o ejercían el oficio de alfarero. Las segundas se dirigían exclusivamente a los maestros y viudas de maestros que continuasen con su obrador, y a cuantos oficiales, mancebos o aprendices colaboraran en la elaboración de la vajilla de barro.

 

-Disposiciones Religiosas:

 

a)- Ordenanzas religiosas.

 

Las ordenanzas del gremio de alfareros de Muel presentan artículos en los que se colocaba el oficio bajo la avocación de Santa Hipólito y de Santas Justa y Rufina. Por tanto se dispone que la fiesta anual, que debía celebrarse los días 13 de agosto y 17 de julio respectivamente, se desarrolle en la iglesia de San Cristóbal.

Por su parte, el gremio de Teruel tuvo como patronas a las dichas santas y a San Juan Evangelista.

 

b)- Ordenanzas asistenciales.

 

Entre los artículos de las ordenanzas asistenciales destacan las que se refrieren a las celebraciones de misas por los agremiados difuntos, atenciones en caso de enfermedad de algún maestro o de su mujer y disposiciones a tomar en los entierros.

 

Disposiciones Gremiales:

 

a)- Jerarquía laboral del gremio.

 

El gremio estaba jerarquizado por completo de un modo equiparable a las distintas etapas de la vida humana: aprendizaje, oficialazgo y magisterio.

El aprendizaje: la duración del aprendizaje variaba según el alfar. En Teruel, durante los ss. XVII y XVIII las ordenanzas regulaban que constase de 6 años. Por su parte, en Muel estaba reglamentado en 4 años, los tres primeros como aprendiz y el último como mancebe.

 

Cerámica exclusiva para su hogar.
Otro detalle de la influencia mudéjar.

   

En el contrato de aprendizaje se formulaban las condiciones de la enseñanza, años de duración y obligaciones y deberes mutuos. El maestro tenía que mantener, cuidar, enseñar y dar vestido al aprendiz; éste, debía servirle lealmente y compensarle por la pérdida de cada día de trabajo con otros dos. Para evitar incumplimientos arbitrarios, la admisión del aprendiz se hacía en presencia de Mayordomo del gremio y del escribano.

Tras esta etapa se obtenía la carta de aprendizaje, que avalaba haber aprendido durante todo ese tiempo el oficio.

El oficialazgo: Para entrar en este grado y trabajar en un obrador el pretendiente tenía que pagar una cuota en efectivo, que variaba según el alfar y la época y según fuese el futuro oficial hijo de maestro, habitante de la localidad, del reino o forastero. En este escalafón el alfarero podía permanecer de por vida o bien un tiempo mínimo de preparación antes de intentar pasar a maestre.

El examen de maestro: Previamente el examen para acceder a la última categoría gremial, el aspirante tenía que pagar una cuota en concepto de derechos de inscripción. Dicha cuota tendió a disminuir para que el ascenso fuera más equitativo y justo.

El examen tenía lugar en el obrador del Mayordomo. Dada la especialización en tres oficios (alfarero, cantarero y escudillero) que hubo en Teruel, el examinado debía acceder a cada una de ellas mediante exámenes distintos. En Muel, sin embargo, habí8a únicamente un examen de maestro. Era obligatorio mostrar la carta de aprendizaje y cierta habilidad en el manejo del torno. Las piezas eran juzgadas por unos examinadores nombrados de oficio.

El maestro: Solo quienes ostentaban el maestrazgo podían tener obrador propio. Asimismo, las viudas de maestro durante todo el tiempo que durase su viudedad.

 

b)- Ordenanzas sobre el gobierno del gremio.

 

Todo gremio tenía un poder ejecutivo que le reglamentaba y gobernaba por medio de distintos cargos. Los nombramientos, presididos por un representante municipal para que se llevasen a cabo con todo género de garantías, tenían lugar al día siguiente de la fiesta del Santo Patrón.

Los Mayordomos: Eran la autoridad superior del gremio, y entre sus obligaciones se señalaba la de presidir todos los actos y actividades, festividades de los patrono y misas por los difuntos. Asimismo, eran los encargados de cobrar las penas por incumplimiento de ordenanzas, cuotas por exámenes u otras cantidades.

Los veedores, visores o visitadores: Se encargaban de la vigilancia e inspección, sin previo aviso, de los obradores, para este modo comprobar que se trabajaba de acuerdo con las ordenanzas. Su salario se señalaba en 2º sueldos anuales, cinco menos que para el cargo de mayordomo.

 

Reproducciones de piezas de cerámica antiguas.
Detalle de la influencia cristiana.

   

El llamador o munidor: Tenían como misión, por instancia de mayordomo, avisar a los maestros para los actos gremiales fueran de la índole que fueran. Cobraban un salario anual de 20 sueldos.

El escribano: Como cargo específico sólo se encuentra en Teruel, y estaba nombrado con un salario de 40 sueldos para dejar constancia de cualquier determinación tomada por los cargos del Oficio.

El padrino: Este cargo no aparece más que en Teruel y su principal misión fue la de cuidarse de los exámenes del maestro llevando un libro de aprendizajes y exámenes. Cobraban 20 sueldos anuales.

El alumbrador: Cargo que sólo se menciona en Teruel y cuyas obligaciones se centraban en el cobro de las cuotas a oficiales, mancebos y jornaleros, y cuantos forasteros hubieran sido contratados eventualmente. Cobraban 12 sueldos anuales.

 

c)- Ordenanzas sobre la producción y venta de la obra cerámica.

 

La principal preocupación recayó sobre el control de calidad del producto de modo que se siguiera en su fabricación una normativa establecida. Con la selección de la obra y el desecho de la imperfecta se obtenía siempre una vajilla con el “arte y perfección” necesarios para resistir la competencia exterior.

En cuanto a la forma de venta, las ordenanzas recogen que los alfareros deben despachar su producto mediante contratos. Según dichos documentos el gremio se comprometía a pasar el género a un mercader o arrendador, que se lo quedaba para su posterior venta en zonas determinadas previamente. En virtud de ello, el contratante-mercader acostumbraba a proveer al gremio de algunas de las materias primas imprescindibles y ciertas cantidades de dinero entregadas periódicamente como adelanto de la obra.

Además de este tipo de venta los alfares aragoneses hicieron una parte importante de su producción por encargo. Así, debieron hacerse las azulejerías de la Seo y de la iglesia de San Pablo de Zaragoza por parte de los alfareros de Muel; o los numerosos suelos y arrimaderos de las casas de Teruel. En el terreno de la Vajilla, todas aquellas piezas que llevaban escudos heráldicos, inscripciones con el nombre del dueño, iníciales, etc…, se hicieron de la misma manera. También por el mismo procedimiento se llevaron a cabo placas religiosas y pilas benditareas de temática diversa.

 

Reproducciones en cerámica de vasijas antiguas.
Otro detalle de la influencia cristiana.

  

DIFUSIÓN DE LA OBRA CERÁMICA ARAGONESA

 

De Teruel saldrían grandes cantidades de vajillas hacia regiones vecinas, como la de Valencia. Asimismo, la cerámica conquense revela durante el s. XVII un gran paralelismo formal y decorativo con la turolense. Las contrataciones de venta de vajilla den Muel nos indican una amplia zona de ventas: Huesca, Zaragoza, el norte de Teruel e incluso el área de Navarra lindante con Aragón. Los demás centros fabricantes de loza vidriada con barniz estannífero, todas situadas en la provincia de Zaragoza o en la ciudad misma, gozaban tan sólo de un mercado local.

 

LA DESAPARICION DE LOS ALFARES

 

Durante el s. XVIII la loza aragonesa recibió una fuerte competencia de la alcoreña, vendida en la región a través de una factoría fundada en Zaragoza. En el s. xIX nuevos productos arremetieron sobre esta industria ya en crisis: de un lado la loza popular de Manises azul y polícroma, extraordinariamente alegre y de mejor acabado y calidad que la aragonesa; de otro lado, desde fines del s. XIX se extendió el gusto por las vajillas estampadas siguiendo las directrices del gusto “ingles” que, no tan asequibles, se dirigieron sobre todo a las clases económicamente mejor situadas.

A este proceso de decadencia paulatina debido a la invasión de mercados, se suman otros factores de carácter socio-económico. La desamortización de los bienes de las hermandades y cofradías y su conversión en “vales reales” en tiempos de Godoy, el proceso de decadencia de las organizaciones obreras, el colapso que supuso la guerra de Independencia, el liberalismo y la política antirreligiosa condujeron a la muerte del gremio. Los alfareros aragoneses sin el amparo colectivo gremial y sin el beneficio de la cofradía, quedaron a la merced de ser explotados en lo tocante a producción y venta de su obra. La suma de todos estos elementos citados provocaría la disminución del número de artífices y el descenso de producción en cantidad y calidad, y poco a poco la desaparición de los alfares.

Cerámicas Avante. Decoración de interiores y exteriores con cerámica artesanal.

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